Comunión con Dios

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Comunión con Dios

26 marzo, 2020 Noticias 0

Juan 15:5

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer.

Filipenses 4:6,7

 Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias.

Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús.

Como creyentes convertidos no debemos ver la oración como una carga, al contrario, oración es quitar nuestras cargas y ponerlas delante del Señor. Es dejar escapar la presión.  Cuando oramos, porque lo hemos hecho una rutina, tenemos el peligro de convertir nuestra oración en una acción sin sentido y seca. Al contrario, nuestra oración debe despertar un anhelo; debe sentirse como cuando un niño espera la llegada de su padre con ansiedad para echarse en sus brazos. Mostrándose un deseo por querer entrar en comunión con el Señor, sea cual fuere las circunstancias que estemos atravesando.

El Apóstol Pablo escribe esta carta a los Filipenses en un momento de su vida en la cual se encontraba en la cárcel por predicar a Jesucristo como EL Señor, es decir no había cometido falta alguna, más bien había sido fiel a Dios; es ahí donde encontramos la clave del regocijo, porque la obediencia a las Escrituras nos trae gozo y paz sin importar las circunstancias en las que nos encontremos; Pablo consiguió paz en la comunión con el Señor, con certeza sentía sus pruebas pero no perdió nunca el gozo de tener al verdadero Dios, sabiendo que sin Cristo, sin Su Palabra, sin sentir aquella atmósfera espiritual verdadera nada podía hacer; el necesitaba de esa guianza.

Vivimos en un mundo caído que siempre se levantará en contra de un verdadero hijo o hija de Dios, pero en la obediencia y en la comunión con el Señor tendremos siempre una puerta abierta para vivir un estado de fuerza, alegría y bienestar espiritual primeramente, supliendo el Señor todas nuestras necesidades.

El Apóstol Pablo nos enseñó que en comunión con el Señor lo sentiríamos siempre cerca de nosotros, en una conexión espiritual constante, guiándonos tanto en el querer como el hacer de nuestra vida, mostrando en todo tiempo la seguridad y el temple pero en sencillez de corazón, apoyándonos en ÉL como nuestro pronto auxilio.

Y en Filipenses 4:5 dice que:

Vuestra modestia sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.

Él había experimentado, espiritualmente, un estado de victoria donde no importaba por lo que estaba pasando ni sentía ningún miedo por su destino o su condición con el gobierno de aquel tiempo. Llego a desafiar a la muerte porque sabía que si le quitaban la cabeza, de todas maneras le esperaba una corona de gloria en el cielo (1 Corintios 15:55). Él nos mostró el camino a Cristo y en sus Cartas nos dejó enseñanza de cómo hacer para recibir la paz del Señor a pesar de las muchas luchas y pruebas.

Y en Filipenses 4:9 nos dice:

Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz será con vosotros.

Antes de conocer al Señor en el camino a Damasco Pablo no sufría de necesidad alguna, lo tenía todo: posición social y religiosa, gente a su cargo para hacer cumplir la ley y someter a los cristianos, y financieramente dependía del Sanedrín. Al convertirse al Señor perdió esa posición y no le importó vivir después de esto con lo necesario; a veces sin nada, privado de su libertad y hasta abandonado de sus más fieles colaboradores como Demas (2 Timoteo 4:10); él aprendió la lección de la dependencia total de Dios, conoció y entendió lo que es vivir por el Espíritu del Señor entrenado para sostenerse solo de la Palabra y así lo escribió en Filipenses 4:12

Sé estar humillado, y sé tener abundancia: en todo y por todo estoy enseñado, así para hartura como para hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.

El Apóstol Pedro vivió la misma experiencia de depender de una vida espiritual en el Señor, estando solícito para todas las cosas pero sin afán, sabiendo que el Dios Todopoderoso da cuenta de nuestras vidas, escribió en:

1 Pedro 5:7

Echando toda vuestra solicitud en él, porque él tiene cuidado de vosotros.

Pero, debemos conocer que para tener esta confianza en nuestras vidas hay que vivir una experiencia sobrenatural con el Espíritu Santo recibiendo el bautismo espiritual. Es un conocimiento de arriba que pone el Señor en nuestros corazones dando una seguridad y paz en nuestra alma y espíritu que lo tenemos a EL estando en comunión permanente por medio de la oración; mostrando su amor en compañerismo con nuestros hermanos en la congregación, pidiéndole por todos ellos por buena salud, tanto física como espiritual, y esperando la guianza del Espíritu Santo en el quehacer diario. (Efesios 6:18)

El Apóstol Pablo recalcó el constante vivir gozándonos en la Palabra del Señor (Filipenses 4:4), en el estímulo de la revelación divina sin dejar que las cargas del diario trajinar nos agobien. Las pruebas siempre van a existir y mas para el creyente de hoy, por ser un tiempo de mucho compromiso y necesidad tanto en lo material como en lo espiritual; pero estamos llamados a entrar en esa atmósfera espiritual de la Palabra para cumplir Su Voluntad, porque cuando aprendemos a vivir por el Espíritu nos acercamos más al Señor, viendo continuamente sus obras en nosotros que nos hace más agradecidos por su amor.

Al rendirnos a la Palabra de Dios cambia nuestro carácter, es una regla que  podemos ver tipificada en todos esos hombres de las Escrituras que se colocaron del lado de la Palabra. El Apóstol Pedro, su carácter era impulsivo; Pablo era recio; Moisés era convencido de su propio conocimiento; Jacob era un engañador; cada uno de esos hombres tenían sus convicciones de su accionar en la vida pero cuando fueron convertidos llegaron a ser mansos y obedientes a Dios. Cumplir la Voluntad perfecta de Dios, viendo las victorias de sus obras en nuestra vida, nos hace vivir siempre agradecidos.

Al Apóstol Pablo le fue revelado por el Espíritu cual sería la condición de vida de un creyente convertido y dejo letra por el Espíritu, que nuestro pensamiento debía estar centrado en todo lo verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre para agradar a Dios. (Filipenses 4:8).

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